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El final fue para los Lakers, pero el partido se jugó con las reglas
de los Celtics.
Entonces, había que ser duro, defender antes que
atacar, compartir el balón, absorber el flujo de la intensidad para
hacer la diferencia. Y los Lakers lo hicieron. Tardaron un poco en
quitarse el polvillo del saco, pero finalmente lo hicieron. Lo lograron
más allá de una noche complicada de Kobe Bryant en el plano anotador,
con Pau Gasol pasando de villano a héroe, y con Ron Artest en un altar
de importancia pocas veces visto en esta postemporada.
No existe
equipo que gane un campeonato sin defender. Digamos que el martes, los
Lakers aprendieron una lección: para vencer a Boston, hay que ir a
quitarle el pan de la boca a su propio terreno. Porque los Celtics
fueron dignísimos rivales en esta eliminatoria, capaces por momentos de
imponerse a la ausencia de Kendrick Perkins para luchar mano a mano por
el título. |