Friedrich Merz arranca su campaña oficiosa por la sucesión de Merkel

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Friedrich Merz, que perdió por poco en 2018 la carrera por la presidencia de la CDU contra Annegret Kramp-Karrenbauer (48,2% frente al 51,8% de AKK), no desaprovechará esta segunda oportunidad. Eligió como escenario para lanzar internamente su candidatura un aristocrático refugio de caza en Magdeburgo en el que tenía lugar el miércoles una reunión del consejo económico del partido, del que forma parte. Según asistentes a esa reunión, dejó especialmente claro que la CDU debe seguir siendo un gran partido de derecha y que él desea estar a la cabeza. Lo siguiente que hizo fue cancelar su columna semanal en el dominical «Welt am Sonntag». «Debido a que presentará su candidatura, hemos acordado conjuntamente que era lo mejor», ha confirmado su redactor jefe, Johannes Boie. Y anoche abrió Merz su campaña oficiosa jugando en casa, en un acto con pequeñas y medianas empresas en Berlín y en ambiente de camaradería.

Apenas había anunciado su renuncia Kramp-Karrenauer, varios representantes del significativo «Mittelstand» alemán manifestaron ya públicamente su apoyo a la todavía inédita candidatura de Merz.

Algunos sectores del partido también se han alineado con él, como el presidente de la sección de Berlín, Kei Wegner, que cree que «es lo que nuestro partido y nuestro país necesitan en este momento. Habla claro y tiene un perfil reconocible». También el portavoz en el Bundestag de la CDU para asuntos empresariales, Christian von Stetten, ha declarado que apoya su candidatura y aconseja «fervientemente a la CDU y a la CSU que hagan lo mismo».

Líneas rojas
Pero la directiva y el grupo parlamentario respaldan a su propio candidato, Armin Laschet, que ayer fijó sus líneas rojas que jamás estará dispuesto a pisar. «No queremos ningún tipo de colaboración con la extrema derecha, ni tolerancia, ni eventos accidentales o excepcionales», dijo en el parlamento de Renania del Norte-Westfalia en referencia a Alternativa para Alemania (AfD). Laschet es el presidente regional del mayor de los Bundesländer alemanes, con 18 millones de habitantes, y jefe de la mayor y más influyente sección de la CDU, con 120.000 militantes. Es considerado justamente como hacedor de reyes dentro del partido y su omisión de apoyo a AKK se interpretó como reflejo de su propia ambición. Pero ayer Lachet no lanzó expresamente su candidatura y sí mencionó la necesidad de llegar internamente a consensos que preserven la unidad en la sucesión de Merkel.

Los dos contrincantes coincidieron ayer en Berlín con otros cargos de la directiva y ambos se mostraron afables y en sintonía. Fuentes cercanas a Merz confirman que hay conversaciones discretas entre los posibles candidatos y que podría llegarse a un acuerdo de reparto entre la estructura del partido y la Cancillería. El entorno de Laschet, sin embargo, apunta a que la espera es una cuestión táctica: «El que mueva primero ficha tiene más que perder».

Si finalmente hay acuerdo, debería integrar además al tercero en discordia, el actual ministro de Sanidad, Jens Spahn, que ya amagó con su candidatura en 2018 y ahora parece dispuesto a consumarla. «Entonces se me dijo que soy muy joven, que tengo toda una vida política por delante, y accedí. Ahora vuelvo a escuchar ese mismo mantra, pero es otro momento y, francamente, esperar tanto me pone muy nervioso», declaraba este jueves.

«Avergonzados» por Turingia
Cuando Spahn hace declaraciones en la radio alemana, cuesta definir si habla sobre el coronavirus o la situación interna de la CDU. Solo un 12% de sus votantes esperan «buenos tiempos» para el partido tras la sucesión de Merkel, según una encuesta para Handelsblatt. La todavía presidenta AKK, tras declarar que liderará el proceso de sucesión, ha quedado relegada a tareas de secretaria, esperando a transcribir el orden del día de la ejecutiva del 24 de febrero.

El partido que hace solo unos días tenía prácticamente ganadas las próximas elecciones es ahora una grillera de todos contra todos en la que tratan de imponerse mensajes de unidad, como el de la ministra de Educación, Anja Karliczek: «Lo que hace fuerte a la CDU es la U de unión, para sobrevivir debemos permanecer unidos».

Mientras, en el Bundestag, el presidente del Partido Liberal (FDP), Christian Lindner, pidió perdón por la elección de Thomas Kemmerich como primer ministro de Turingia con los votos de AfD, inicio del terremoto. «Estamos avergonzados porque le permitimos a AfD burlarse de nosotros y de la democracia parlamentaria, y pido perdón por ello en nombre de los liberales –dijo en el pleno–. Erfurt (capital de Turingia) fue un error, pero haremos todo lo posible por que no se vuelva a repetir».