¿La ley se queda o la hicieron corta?

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El asesinato de la niña coloca todo boca arriba, y como sucede siempre, saca a la luz situaciones que estaban boca abajo y no interesaba voltear.

El código del Menor, por ejemplo.

El hecho horroriza y resulta peor porque a la hora de reaccionar no se cuenta con un instrumento solvente y capaz de remediar.

La ley se queda corta, pero se queda corta porque la hicieron corta. La culpa podría ser del legislador, pero igual del fiscal y también del juez.

Falta sábana, pero tampoco se sabe arropar, ni se hace nada para encogerse o aumentar la tela. Ante el “caman” se impone la resignación.

Solo hay que pensar en el tiempo que llevan sectores diversos quejándose de las deficiencias del estatuto, un evidente e injusto proveedor de impunidad.

Lo primero que salió a relucir del victimario (incluso en principio se dijo que dos) fue la condición de menor, y no de criminal, ni de monstruo.

La edad va por delante, y lo que venga detrás no importa, pues si alguna autoridad se atreve a ponerle la mano al muchacho, el oprobio será mayor.

Así, protegido por el código, como un crucifijo para espantar demonios, el menor nunca hace nada.