Ni la curva ni Manzano son mitos

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Ante todo, agradecemos que el señor Piña-Contreras pusiera sobre el tapete la cuestión de la fama del ingeniero Alfredo Manzano y la veracidad de la curva. Esto nos da la oportunidad de hacer un llamado a personas que tengan datos adicionales acerca de la vida y obra del ingeniero Ramiro Alfredo Manzano Bonilla, que, agregadas a lo que estamos diciendo, pudieran darle luz para que en un próximo artículo Piña-Contreras nos provea de un nuevo enfoque, ya que lamentamos que su artículo se extienda durante cuatro columnas, palabreando sobre un tema que al principio dice honestamente que ni siquiera se molestó en verificar para no destruir el mito, siguiendo los consejos de Ortega y Gasset.

Esa idea de que el ingeniero Alfredo Manzano era una necesidad para el imaginario dominicano porque acababa de salir de la dictadura de Trujillo, nos parece una solemne tontería, porque podría interpretarse como una desestimación de su genialidad. La palabra imaginario connota un significado de algo ilusorio e irreal; pero sucede que la fama del ingeniero Manzano es muy real. Quienes lo conocieron pueden atestiguar que no fue una persona complaciente o servil que buscase aprobación o distinción de los demás; sino todo lo contrario, una persona explosiva, temperamental, con quien para interactuar había que pasar por alto su carácter desafiante y su cinismo, lo que hacía difícil admirarle sin una causa justificada.

Hasta donde entendemos, uno de los pasos primordiales a seguir en el buen periodismo es la investigación exhaustiva de los hechos. Sin base ni documentación, toda la disertación del artículo está sostenida sobre una falacia: la de que, si la fama del ingeniero y de la curva hubiese sido real, tendrían en la actualidad méritos y reconocimientos (como las obras de otros dominicanos que menciona) y que, por lo tanto, como no tienen méritos ni reconocimientos, la fama del ingeniero y de la curva es un mito. Este supuesto pierde de vista el contexto histórico del personaje, quien por sus valores fue aniquilado personal, profesional y políticamente por la dictadura de Trujillo y los gobiernos que le sucedieron. Desafortunadamente, el ingeniero Alfredo Manzano jamás vendió sus ideales para caerle bien a las personas influyentes, que son las que al final de cuentas “cacareando” sus méritos, pueden hacer famoso a alguien.

Como familia, es nuestro interés alcanzar un cierre en lo que respecta al ingeniero Alfredo Manzano, ya que también fue una figura de gran estatura en la historia de la ingeniería y la política dominicana que, por silente y enigmática, con poco afán por el protagonismo, quedó fuera del radar popular y aunque su nombre puede no estar en los libros de historia, sí en otros libros importantes sobre la época, como El Destino Dominicano (Overtaken by Events) de John Bartlow Martin [1], por mencionar alguno. Su imagen puede verse omnipresente, y siempre en segundo plano en fotografías de importancia histórica junto a Juan Bosch, en reuniones del 1J4, en fotos de encarcelados y perseguidos, incluso en un memo desclasificado de la CIA donde figura como una de las principales amenazas políticas de izquierda de la República Dominicana por su colaboración con Juan Bosch [2].

Sobre la curva Manzano, deseamos aclarar que la autoría pertenece a su hermano Petrus y no enteramente a Ramiro Alfredo. La realidad es que Petrus concibió la curva como solución ingenieril a un problema difícil de cálculo de una carretera y Ramiro Alfredo la resumió matemáticamente a una ecuación. En su momento ambos, Petrus y Ramiro Alfredo, ignoraron la posible relevancia de la curva. Más tarde, en el entorno académico, empezó a correr la voz de la excepcionalidad de la curva como acrobacia intelectual de los Manzano, ya que las obras que realizaron ambos eran y son materia obligada de estudio y análisis para todo estudiante de ingeniería.

Gracias a sus capacidades excepcionales para efectuar mentalmente operaciones matemáticas imposibles para la inmensa mayoría de personas, ambos ingenieros dejaron obras que aún quedan erigidas pese a terremotos, huracanes y el pasar del tiempo. Esto de por sí da testimonio de una habilidad superior a la media y un entendimiento profundo del concreto y otros materiales de construcción, para cuya aplicación en estructuras muy complejas, siempre encontraron soluciones novedosas e imposibles en una época en la que la regla de cálculo y las habilidades mentales eran las únicas herramientas.

Ramiro Alfredo Manzano Bonilla no solo fue un influyente ingeniero, respetado profesor universitario y excelente calculista de estructuras, sino también un luchador revolucionario. Cuando el trujillismo arremetió contra la agrupación clandestina 14 de Junio, Alfredo estuvo junto con los tantos que recibieron las torturas en La Cuarenta. Siempre nos llamó la atención sus uñas extraordinariamente largas y cuidadas, de las cuales supimos al preguntarle que decidió no cortárselas más, desde que se la arrancaron a sangre fría. Varias veces fue deportado y a su regreso del exilio en 1964, sufrió la más importante de las ya tantas pérdidas que marcaron su vida, la de su primera esposa Ahura Aybar. El sistema político no solamente le robó a su primera esposa, sino la relación con sus hijos, la alegría de vivir, junto con su vocación de aportar en el campo de las ciencias numéricas. Murió de cáncer en los pulmones a la edad de 55 años y todavía podíamos ver las cicatrices de La Cuarenta en sus espaldas.

Aún hay muchos aspectos adicionales que hacen de la figura del ingeniero Alfredo Manzano una persona admirable y respetable en cualquier ámbito y que merecen fama de por sí: una de éstas fue la belleza y perfección de sus letras. Cuando escribía en las pizarras de la facultad de Ingeniería de la UASD, a veces pasaban semanas antes de que alguien las borrara. Los profesores de otras materias preferían escribir en los huecos en blanco del pizarrón antes que tocar sus letras, porque su belleza inspiraba cierta veneración. Manzano inventó su propia caligrafía, una en cursiva y otra para letra de molde, ambas tan irresistibles al ojo en cuanto a estética, elegancia, legibilidad, fuerza, ligereza, estabilidad y comprensibilidad, que casi todo el que las veía, trataba inútilmente de imitarlas. Esto parecería un mito, pero no lo es. Quizá, si hubiese sido consciente de la fascinación que causaban sus letras y le hubiera sacado partido aportando al mundo de las tipografías, hoy existieran las fuentes de texto normal y cursiva Manzano.

Era un excelente dibujante a mano alzada con un sentido innato de la precisión y proporciones de las formas. De haber tenido la oportunidad, también pudo haberse destacado en el área de diseño gráfico. Las líneas rectas que trazaba a pulso sobre la pizarra o en un cuaderno, podían luego verificarse con cualquier instrumento de precisión. De su autoría son el logo del Colegio Dominicano de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores (CODIA) y el del Movimiento Revolucionario 14 de Junio (1J4). El destacado escultor dominicano Domingo Liz, buen amigo de Alfredo, se inspiró en sus bocetos de cabeza de caballo para esculpir las esculturas en cemento en la fuente de la antigua Feria de La Paz o Feria Ganadera. Ciertamente, Alfredo Manzano, tenia la habilidad de convertir las matemáticas en un arte.

De Alfredo Manzano también es bueno decir que Junto a Ramón (El Chino) Ferreras y el profesor Alberto Malagón fundaron en 1962 el periódico Claridad. Esta publicación semanal hacía denunciaba responsablemente las acciones inmorales e ilegales de quienes habían actuado contra el pueblo dominicano durante el tiempo de Trujillo, y posteriormente, lo cual evidencia su trabajo periodístico en el que también pudo haber destacado. En palabras de Gautreaux Piñeiro, siempre hicieron periodismo político claro, dirigido hacia un objetivo y contra los planes, acciones y decisiones públicas y privadas de los enemigos de la patria. Agrega que “ese trío de formidables comunicadores se desvaneció en una sociedad indolente a la cual sólo le preocupa superar al vecino en la marca del automóvil o en la calidad y precio del reloj de pulsera o en el lugar donde pasará las vacaciones de verano con su familia”. Además, dice textualmente que “… cualquier investigador medianamente inteligente podrá ver que la prensa nacional perdió el equilibrio y se nota en la balanza peligrosamente inclinada hacia un interés que no es el de todos” [3]. O sea, que el periodismo serio también tiene un antes y un después a partir de Alfredo Manzano. Esto tampoco es un mito.

Como se puede apreciar por estas pinceladas de su historia, Alfredo es toda una figura de leyenda quien, roto emocionalmente, a partir de su fracaso familiar, profesional y político, dedicó el resto de su existencia a tratar de estabilizarse y llevar a buen puerto a su familia. Es obvio que, lejos de buscar la fama a partir de una curva o de cualquier otra divulgación científica que pudiera resaltar a los dominicanos en el extranjero (como lamenta el señor Piña-Contreras en su artículo) tenía cosas más importantes y reales en qué pensar.

En resumen, la genialidad del individuo no es un holograma creado por el imaginario colectivo, ni es en la existencia o no existencia de la curva donde se materializa la grandeza e ingeniosidad del ingeniero. Son muchas otras obras las que este hombre hizo en tiempos donde mantener ideales firmes era lejos de ser conveniente, que juntas lo hacían un verdadero “hombre renacentista”. De ser una persona más ruidosa, quizás hubiese alcanzado la inmortalidad en los libros de historia convencionales de nuestro país. Sin embargo, este es el Alfredo que su familia conoce.

Su familia

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