Pruebas seguras para detectar si has perdido el olfato por el coronavirus

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La pérdida de olfato o anosmia, es uno de los síntomas más repetidos por los pacientes de coronavirus. De hecho, puede representar un buen indicio de la enfermedad en un paciente, sumado a otros síntomas menos específicos como la tos, o el cansancio general. Aun así, hay que señalar que se puede perder el olfato por múltiples razones médicas y este diagnóstico requiere obligatoriamente atención médica.

Con todo ello, el consenso que existe sobre que si uno pierde el olfato puede tener coronavirus ha hecho que muchos se prueben a sí mismos de formas, a veces, poco recomendables. Uno de los gestos más habituales en los pacientes leves que pasan la enfermedad en sus casas es echar mano de los productos que se presuponen de olor más fuerte, lo malo es que esos productos suelen coincidir con los más tóxicos. Lejía, amoniaco, detergentes, y todo tipo de desinfectantes son, entre otros, los artículos de limpieza usados de forma más habitual en estos test caseros.

Algunos de estos productos contienen sustancias irritantes o corrosivas que pueden dañar la piel u otros tejidos con los que entren en contacto. Su manipulación debe ser siempre segura y no se recomienda mezclarlos. Como apunte, una de las intoxicaciones más frecuentes, y que provoca no pocos ingresos hospitalarios, es la inhalación del gas resultante de mezclar lejía y amoniaco para limpiar superficies. Por todo ello debemos evitar el uso de sustancias peligrosas, por mucho que huelan, para comprobar si hemos perdido el olfato.

En su lugar, existen pruebas que podemos hacer en casa para tener una cierta noción si nuestro sentido olfativo se ha visto afectado. Siempre, una vez más, tomadas como un indicio a falta de un verdadero examen médico.

Comprobar si detectamos los olores primarios
Según un estudio realizado por investigadores del Bates College, la Universidad de Pittsburgh y del Laboratorio Nacional Oak Ridge, el ser humano puede detectar diez olores básicos, los conocidos como olores primarios.

Estas fragancias son las más reconocibles y frecuentes por el sistema olfativo y son: madera/resina; fragancias; frutal (sin incluir los cítricos); químico; menta/pimienta; dulce; palomitas; limón y dos tipos de olores nauseabundos: acre y putrefacto.

De este modo, si creemos que hemos perdido el olfato a causa del coronavirus, es recomendable comprobar si somos capaces de reconocer algunos de estos aromas.

Oler productos no dañinos para la salud
Algunos productos habituales en los hogares españoles poseen un fuerte e identificable olor. No obstante, no es aconsejable coger cualquiera de ellos a la ligera y olerlo intensamente para comprobar si se ha peoducido una pérdida de olfato.

Cuando olemos lejía o amoniaco se estimula el nervio trigémino, un nervio irritante. Esto puede hacer que creamos que estamos oliendo, pero lo cierto es que no. Es una reacción ante un producto muy fuerte y tóxico.

Existen otros productos de los que sí se puede echar mano sin peligro para comprobar el estado del sistema olfativo:

– Perfumes y colonias. Son una buena opción debido a su olor agradable y fuerte, en algunos casos.

– Vinagre. El vinagre posee un olor muy característico y duradero que es fácilmente identificable.

– Café. Oler café molido puede ser una gran opción para comprobar el estado del sistema olfativo.

– Naranja o limón. Al pelar una naranja o un limón se desprende un olor cítrico, uno de los olores primarios más reconocibles para el ser humano.

La «prueba de la gominola»
Existe un experimento, muy popular para enseñar a los niños la relación que existe entre el gusto y el olfato que puede ayudar a reconocer una posible anosmia. Es el conocido como «Jelly bean taste test» o «prueba de la gominola». Para llevarlo a cabo solo necesitaremos caramelos o gominolas de diferentes sabores pero con un color parecido.

Antes de introducir en la boca una de esas golosionas, debe taparse fuertemente la nariz. Hay que tratar de saborearla e identificar a qué sabe. Antes de tragarla, se debe destapar la nariz. Si el sistema olfativo se encuentra sano, una vez la nariz quede libre, los sabores se multiplicarán y serán mucho más identificables.

Aproximadamente, el 85 % de lo que percibimos como gusto se debe en realidad al olfato. La lengua identifica solo sabores básicos (dulce, salado, amargo y agrio), mientras que el sentido del olfato cuenta con receptores muy diferentes capaces de identificar miles de aromas individuales.