Se acabó «un país dos sistemas»

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Es verdaderamente inverosímil cómo China se está yendo de rositas de la crisis del coronavirus que surgió en su país y de la que nunca han confesado el número real de muertos. Los poco más de 4.000 que reconocen es una cifra que nadie se puede creer. Rápidamente se han puesto a abastecer al mundo entero de materiales necesarios para los equipos de protección individual y toda crítica a sus actuaciones es inmediatamente tildada de racista.

En la última semana hemos visto tres actuaciones de esa dictadura que hubieran levantado las críticas del mundo entero de haber ocurrido en casi cualquier otra nación. Lo primero ha sido el anuncio de una nueva ley de seguridad en Hong Kong que pondrá fin al modelo de «un país, dos sistemas» que China se comprometió a preservar hasta 2047 cuando el Reino Unido le devolvió la colonia el 1 de julio de 1997. Tampoco había que ser un lince para imaginar que los chinos no cumplirían su acuerdo. No en vano, ABC tituló su portada del 30 de junio «Hong Kong: Amanecer rojo». Lo veíamos venir. Con esta nueva ley, la legislación en materia de seguridad pasará a ser la misma en ambos territorios, lo que impedirá toda protesta en la urbe hasta ahora más libre. Las manifestaciones como las del año pasado podrán ser reprimidas cual si tuvieran lugar en Pekín. Es decir, que como en Pekín, no habrá manifestaciones en Hong Kong. Y esta semana hemos visto a legisladores en la Asamblea de Hong Kong ser sacados arrastras por la policía por protestar contra aspectos de la nueva ley. Es el futuro que espera a las libertades en Hong Kong: no son libres de opinar ni los legisladores. Pero el mundo calla.

La agencia Reuters ha contado -y nadie ha desmentido- que el Ejército chino prepara para el próximo mes de agosto maniobras navales de desembarco en la isla de Hainan, en el Mar del Sur de China como preparativo para un futuro desembarco en las islas Dongsha, que se disputa con Taiwán desde que China quedó dividida en dos estados. Nadie discute que hoy son territorio de la República de China -es decir, de Taiwán- pero la presidenta de ese estado insular, Tsai Ing-wen, que tomó posesión de su segundo mandato el pasado miércoles, recordó en su discurso que nunca aceptará el modelo de «un país, dos sistemas» para Taiwán. Y la actuación de la dictadura le da la razón.

Un episodio más de agresión china está teniendo lugar en Australia. La Universidad de Queensland es una de las más prestigiosas del país y es frecuente verla listada entre las cien mejores universidades del mundo. Allí, como en tantos otros lugares del planeta, en julio del año pasado se produjeron manifestaciones pacíficas en apoyo de los ciudadanos de Hong Kong y su libertad. Pronto empezaron contramanifestaciones fomentadas por el cónsul de China en Brisbane, Xu Jie, que, de repente, empezó a compatibilizar su actividad con la de ser profesor en la Universidad de… Queensland.

Es evidente que esa Universidad como la de Oxford, por ejemplo, cobra unas tasas muy superiores a los estudiantes extranjeros que a sus nacionales, lo que hace a los alumnos chinos indispensables para cuadrar sus cuentas. Pero ahora hemos visto cómo el estudiante que encabezó aquellas manifestaciones, Drew Pavlou, un muchacho de 20 años y que fue elegido después representante de los estudiantes, ha sido sometido a un procedimiento disciplinario por las autoridades universitarias que prepararon contra él un alegato de 186 páginas en el que se le amenaza con la expulsión. La Universidad no ha alegado nada contra los estudiantes que se manifestaron en favor de la dictadura.

La dictadura china expande su poder más allá de sus fronteras. Quizá cuando algunos quieran empezar a darse cuenta de que ese partido comunista es el promotor del capitalismo más salvaje del mundo empecemos a ver menos complacencia con China.