Cuando Obama espiaba a sus rivales

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La degradación de la política norteamericana en los últimos años es francamente preocupante frente a amenazas como las que representan a la democracia occidental China y Rusia. Es cierto que esto ha ocurrido desde que llegó a la presidencia Donald Trump y que él puede ser el factor desencadenante. Pero en los últimos días hemos conocido algunos hechos que sin duda van a marcar la próxima campaña electoral y que son de enorme gravedad. Y no son precisamente culpa del presidente.

Comentábamos el pasado domingo el archivo de la causa contra Michael Flynn por la supuesta confabulación con Rusia en la campaña electoral de 2016. En el comité que investigó esa confabulación estuvo el demócrata californiano Adam Schiff, el mismo que dirigió el impeachment contra Trump en la Cámara de Representantes. Schiff se pasó tres años diciendo que tenía amplias evidencias de la confabulación de Trump y los rusos. Ahora se han hecho públicas las 57 transcripciones de las grabaciones de las entrevistas realizadas por el Comité de Inteligencia de la Cámara que prueban que en ningún momento hubo el más mínimo indicio de esa confabulación. Vamos, que Adam Schiff miente más que Pedro Sánchez, que ya es decir. En diciembre de 2017 Schiff declaró a la CNN que «los rusos ofrecieron ayuda, la campaña aceptó la ayuda. Los rusos dieron ayuda y el presidente sacó el máximo partido a esa ayuda.» Schiff mentía y sabía que lo hacía. Lo más grave es que una larga retahíla de funcionarios de la era Obama fueron a declarar ante el Comité y todos ellos dijeron que no habían visto ningún indicio de confabulación de la campaña de Trump y los rusos. Pero Schiff siguió diciendo que había múltiples evidencias de la conspiración.

Es evidente que Trump miente con frecuencia. Pero al menos hay numerosos medios de comunicación dedicados a cotejar cada dato que da y cada frase. Es evidente que no a todos los políticos norteamericanos le analizan con el mismo rigor el Times, el Post y la CNN.

Ahora habrá que ver cómo influye la falsa trama rusa sobre la nueva campaña electoral. El director en funciones de la Agencia Nacional de Inteligencia, Richard Grennel, ha hecho pública esta semana una lista de las veces que se delató el nombre de Michael Flynn en las grabaciones que se hacía a diplomáticos y funcionarios extranjeros. Flynn fue consejero de Seguridad Nacional durante sólo 21 días a causa de ese acoso que le costó el cargo. Hacer público su nombre no es en sí mismo ilegal. Hay veces que para entender la actuación de un agente extranjero hay que revelar con qué ciudadano norteamericano habla. Pero en el caso de Flynn, en los dos meses que siguieron a la derrota de Hillary Clinton, su nombre fue delatado 49 veces a petición de personalidades como el jefe de Gabinete de Obama, Denis McDonough; el director de la CIA, John Brennan; el director del FBI, James Comey; el director de Inteligencia Nacional, James Clapper; el secretario del Tesoro, Jacob Lew; y… Joe Biden. El número de veces que estas personalidades de la administración Obama pidieron que su nombre fuese delatado demuestra que el equipo de Obama realizó un espionaje detallado a sus rivales políticos. Y uno que estuvo involucrado en esa sucia actuación fue el hoy candidato demócrata a la Presidencia, Joe Biden.