Italia y la elección del presidente de la República

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El 24 de enero tendrán lugar las elecciones del Presidente de la República italiana; los partidos políticos se dividen y en los debates surgen muchos nombres e hipótesis.

En Italia, después de la crisis de los partidos tradicionales como Democracia Cristiana, el estreno en política de Silvio Berlusconi en 1994 se recuerda por la formación de una coalición de centro-derecha que produce sucesivamente una bipolarización de la política italiana al estilo americano.

Dicha coalición era una suma de partidos distintos que se unieron en una alianza y que, por primera vez, tuvieron un candidato premier que pedía el voto sobre la base de un programa único presentado antes de las elecciones.

En aquel momento, la creación de una coalición de centro-derecha liderada por el presidente Berlusconi obligaba a todos lo partidos de izquierda a juntarse para competir a la par y generar la mencionada bipolarización de la política italiana.

En la historia de nuestra política, esta idea innovadora se ha quedado incompleta en el momento en el que no ha conseguido transformar la bipolarización en bipartidismo.

Los principales motivos de que el Bipartidismo no se ha conseguido son que los partidos de las coaliciones han sido conflictivos entre sí mismos a causa el protagonismo de sus líderes; que las leyes electorales no han sido adecuadas a la nueva configuración política; y que a la bipolarización no ha seguido una reforma presidencialista -a la americana- de la Constitución italiana.

En los últimos diez años no solo no se ha llegado al bipartidismo sino que, al contrario, se ha producido más fragmentación, determinando una difícil gobernabilidad del país.

En estos años Italia ha tenido varias crisis de Gobierno debidos a conflictos internos de las coaliciones, a mayorías débiles, al desarrollo de nuevos partidos populistas o a crisis parlamentarias que se han resuelto con dificultades en el mismo Parlamento sin elecciones.

Cabe recordar que la República italiana es una república parlamentaria, es decir, todo pasa por las dos ramas del Parlamento y se basa en la división de poderes.

En la Constitución italiana, por ejemplo, los poderes del presidente de la República y del presidente del Gobierno son distintos.

Simplificando, el presidente del Gobierno tiene el poder de proponer los ministros y de gobernar, y el presidente de la República, entre otros relevantes poderes indicados en la Constitución, ocupa la presidencia del Consejo Supremo de Defensa y la del Consejo Superior del Poder Judicial, y puede firmar y promulgar leyes. También tiene la facultad de consultar después de unas elecciones nacionales a los Representantes del Parlamento; puede elegir después de los comicios a quien que considere que puede formar una mayoría en el Parlamento; puede nombrar, si existe una mayoría, al presidente del Gobierno encargado y la lista de ministros a propuesta del mismo; y, en el caso de que la mayoría que apoya el Gobierno desaparezca, el presidente de la República puede dar por terminada la legislatura, comprobar si hay una mayoría alternativa, y, en caso negativo, disolver el Parlamento y convocar unas nuevas elecciones.

Esta última hipótesis ha sido la que ha hecho que Mario Draghi recibiese el encargo de formar el Gobierno. En un momento de crisis generalizada, pero particularmente difícil para una Italia muy endeudada, la presidencia de Draghi ha sido la demostración del importancia del papel del presidente de la República pero también la evidencia de las dificultades y de las divisiones de la política.

El actual Gobierno es apoyado por todos los partidos con la única excepción de Fratelli d’Italia. El liderazgo de Draghi, su carisma y credibilidad a nivel internacional y financiero han sido garantía de estabilidad y operatividad decisional, a pesar del constante conflicto de las fuerzas políticas de la misma mayoría.

El Gobierno italiano está haciendo una política pragmática, equilibrada, orientada a la gestión de la pandemia y con un uso productivo de los fondos europeos.

El próximo 24 de enero acaba el mandato del presidente Sergio Mattarella y empezarán las votaciones para elegir al nuevo Jefe de Estado italiano. El nuevo presidente será elegido por los 1008 miembros de las dos Cámaras del Parlamento en una sesión conjunta. Mientras se acerca esta elección, se están acentuando las permanentes competiciones políticas entre partidos.

Si el presidente de la República no se elige en las primeras tres votaciones, en las que se necesita mayoría simple, cualquier hipótesis podría ser posible.

De momento, a parte de Mario Draghi, el único candidato oficial de es Silvio Berlusconi, en representación del centro-derecha. Las candidaturas del resto de formaciones todavía no se conocen.

La situación está en evolución y hay varias cuestiones sobre la mesa: El Parlamento -dada la delicada situación sanitaria y política- podría pedirle a Mattarella que se mantenga en el cargo y habría que ver si aceptaría; si en el caso de que Draghi fuese elegido para la presidencia de la República, el Parlamento elegiría un nuevo Jefe de Gobierno o si convocarían elecciones; y si el presidente no fuese Draghi y fuera otra personalidad elegida por una mayoría distinta de la que apoya actualmente al Gobierno, si el Gobierno y Draghi seguirían adelante.

Estás complejidades están creando unos movimientos en los partidos que podrían modificar el actual panorama político del país. Está volviendo una fuerte tentación de romper la bipolarización de la política que, con ocasión de las elecciones presidenciales, podrían determinar nuevas alianzas.

No hay que olvidar que existe una fuerte resistencia de los parlamentarios a ir a las elecciones porque, según la última reforma de 2019, el próximo Parlamento tendrá 345 diputados y senadores menos. Las elecciones del presidente de la República puede convertirse entonces en un test para nuevos diseños políticos.

En conclusión, quizás podría haber un cambio en la ley electoral hacia un sistema ‘proporcional’; o crearse una coalición de partidos moderados para formar un centro político que sume mayoría con la izquierda o con la derecha en función de los resultados electorales; o que dependiendo del momento histórico el voto se centre más en lo económico o en lo social. Veremos.

Creo que el interés de los italianos es tener un presidente de la República creíble a nivel nacional e internacional, y al l mismo tiempo también creo que es de interés de los italianos que el buen trabajo del actual Gobierno tenga continuidad para consolidar los positivos resultados económicos conseguidos hasta ahora.

Falta por ver si la solución que se encontrará será adecuada a los muchos retos que Italia tiene ante sí. Los italianos esperamos que así sea.