Movilizando, que es gerundio

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El concepto de la «Operación Militar Especial» de Putin en Ucrania ha reventado. El pasado martes, la Duma (parlamento ruso), deprisa y corriendo, aprobaba modificaciones a la legislación relacionadas con la movilización, el estado de guerra, la economía de guerra y el refuerzo de las capacidades de la industria militar, entre otras enmiendas. Asimismo, se incrementaban las penas a los que traten de «escaquearse» de una movilización (como, por ejemplo, los que no acudan a la llamada a filas, desertores, «emboscados» y objetores). Al día siguiente, el presidente ruso decretaba una «movilización parcial» que su ministro de defensa, Serguei Shoigú, concretaba en 300.000 reservistas. Pero una movilización, aunque no sea general, no se hace de un día para otro . Demanda múltiples actividades que constituyen toda una casuística en tiempo, funciones o experiencias. A las cuestiones administrativas (selección, búsqueda, comunicación) hay que añadir los tiempos necesarios para instruir, encuadrar a los movilizados y, en su caso, adiestrar unidades. Plazos que no son homogéneos en función, principalmente, de la dificultad del aprendizaje previo sobre el puesto a cubrir (no es lo mismo, por ejemplo, poner al día en la elaboración del pan a un intendente, que actualizar a un operador de drones artillados). Las Fuerzas Armadas rusas, si bien son mayormente profesionales, son complementadas anualmente, por razones presupuestarias y culturales, con alrededor de 250.000 conscriptos, que cumplen un año de «mili», tras el que pasan a la reserva hasta cumplir la edad de 50 años. Eso significa que, de entre el multimillonario saco de reservistas rusos, los logistas habrán de seleccionar a los que movilizar a lo largo y ancho del inmenso territorio ruso , para incorporarlos nuevamente a la lista de revista. Arduo y sensible trabajo para los expertos en logística de personal ―quizás la más importante e ingrata función en el campo del planeamiento―, que deberán aquilatar cuidadosamente, las cuotas de reservistas a movilizar en cada región , así como los criterios de selección de los más idóneos, para así agilizar la puesta al día de los nuevos soldados, especialmente de los cuadros de mando. Deberán, asimismo, determinar los no elegibles por razones físicas, familiares o meramente prácticas (por ejemplo, los trabajadores del sector industrial militar). Es de suponer, que los que más recientemente pasaron a la vida civil sean más adecuados. Por otra parte, habrá de determinarse si se mantienen o no los criterios de Putin expresados públicamente, el pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, asegurando a madres, esposas e hijas que «en los combates de Ucrania no participan ni participarán los soldados de reemplazo». Criterios que, al parecer, han prevalecido hasta la fecha, si bien las circunstancias y expectativas sobre la guerra han cambiado ostensiblemente desde entonces. Noticia Relacionada estandar No Alemania estudia conceder asilo a los desertores rusos Rosalía Sánchez La iniciativa parte de Los Verdes y del Partido Liberal, ambos parte de la ‘coalición semáforo’ junto a los socialdemócratas de Scholz A todo eso habrán de añadirse las opciones de si se crean unidades nuevas de reservistas o, por el contrario, se escoge encuadrarles en el seno de unidades ya existentes y con experiencia de combate. Se trataría, en este caso, de acelerar por «osmosis» la aclimatación de los nuevos soldados a las duras condiciones que impone el combate. Seguramente, los que ya están combatiendo en Ucrania, aunque cumplan sus respectivos compromisos, difícilmente serán licenciados, prorrogándose indefinidamente su servicio, al menos, hasta la finalización del periodo de movilización parcial. Significación dual Naturalmente, todo este «tumulto» demanda una justificación política, especialmente doméstica. De ahí las afirmaciones de Putin acusando a Occidente de querer destruir Rusia, al mismo tiempo que se preparan urgentes y dudosos referéndums en los oblasts más rusófilos (Lugansk, Donetsk, Zaporiyia y Jersón), para justificar su rápida incorporación a Rusia, que se da por descontada. En tal caso, la actividad combativa ucraniana se convertiría, en la mente de Putin, en «una amenaza a la integridad territorial», que justificaría la utilización «de todos los medios a nuestro alcance para proteger a Rusia». Rematando la idea con un «esto no es un farol», introduciendo así la amenaza de guerra nuclear. La decretada movilización es, fundamentalmente, un golpe de efecto y determinación que no logra ocultar su finalidad política. Tiene significación dual. Por un lado, es el reconocimiento de Putin de que las operaciones no se han desarrollado como inicialmente estaban planeadas, llegando a la conclusión de que tal situación, de prolongarse, no le permitirá ni ganar la guerra ni, tan siquiera, no perderla. Y, por el otro, es una advertencia «urbi et orbi» sobre su disposición a perseverar en la guerra desatada en pasado 24 de febrero, hasta el final de sus capacidades que, no nos engañemos, son todavía muchas. Supone, asimismo, una maniobra de enroque en previsión de una escalada occidental. SOBRE EL AUTOR Pedro Pitarch El autor es teniente general retirado del Ejército de Tierra. Fue jefe del Eurocuerpo y de la Fuerza Terrestre y director general de Política de Defensa en el Gobierno de Zapatero. Ocupó la jefatura de la División de Estrategia y Cooperación Militar del Estado Mayor de la Defensa, así como de la División de Logística del Mando Supremo de la OTAN.